El famoso "divide y reinarás" tiene vigencia plena en tiempos electorales y es aplicado por cualquier oficialismo de turno como método de acción para mejorar sus posibilidades frente a la oposición, ya sea política, empresaria o sindical. ¿El fin?: perpetuarse en el poder. Para los opositores queda la mitad del concepto como opción para mejorar sus chances: "divide"; por lo menos a la fuerza que está en el Gobierno. ¿Cómo es esto? Por ejemplo, la mayoría de los adversarios al kirchnerismo busca asociarse con un peronista de la disidencia en un intento por meter una cuña en el voto justicialista. Llegar al "reinarás" para este sector dependerá mucho de la imaginación. En función de estas situaciones puede entenderse que los escuderos "K" hayan salido a cuestionar la propuesta de algunos referentes nacionales de la oposición de armar un candidato único para parar frente a la presidenta, Cristina Fernández. O sea, no sólo que dividir sino también impedir que se junten, ya que es peligroso. Sin embargo, la idea opositora es de difícil concreción: las ambiciones personales siempre están por encima de las necesidades de los grupos.
En Tucumán también se aplica la táctica de dividir a los que están en la vereda de enfrenta para debilitarlos. En la provincia es casi imposible ni siquiera deslizar en una mesa de café la alternativa de un candidato opositor único para enfrentar al gobernador, José Alperovich. Aquí habrá, como siempre, una decena de aspirantes al sillón de Lucas Córdoba. Se ofrecerán varias alternativas al electorado, que podrá elegir entre un abanico de dirigentes de distinta ideología. Habrá varias boletas para festejo de la democracia, pero también para que sonría el oficialismo tucumano, que mira la dispersión política como una ventaja electoral. La fractura le permitiría jugar con mejores cartas en los comicios de agosto.
Pero, para el alperovichismo, así como aquel concepto de dividir para reinar le facilita una mueca de satisfacción, también le genera una ligera inquietud puertas adentro. Es que con el acople también aplica ese dicho entre sus filas: dio tantos que dividió hasta la propia tropa peronista y la enfrentó con referentes provenientes de otras fuerzas políticas tentadas por el "éxito" del oficialismo para seguir sosteniendo su pequeño espacio. Hoy por hoy, se puede afirmar que al Gobierno le preocupa más lo que sucede internamente, entre los suyos, que lo que hace la oposición. Para ser más claro, cualquier peligro electoral para el alperovichismo aparece más por el lado de sus huestes antes que por lo que pueda armar la oposición, incluso por lo que pueda resolver la Justicia en contra de la reelección. En los pasillos de la Casa de Gobierno se sostiene que cualquier resolución judicial -incluyendo aquella que eventualmente decida que la reelección de Alperovich es inconstitucional- no tendrá efectos prácticos en el trámite electoral. "Toda sentencia es apelable", se escucha, lo que significa que hay tranquilidad por cuanto -entienden- nada podría frenar un triunfo del oficialismo el 28 de agosto.
En suma, las dificultades para el Gobierno vienen por el lado de los acoples. Si bien todos suman sus votos para la corona, las peleas internas pueden provocar más de un dolor de cabeza al número uno, y por varios lados. Uno por el de los recursos: ya hay planteos subterráneos de acoplados sobre que el goteo no es "democrático", ya que la "lista oficial" contaría con la ayuda y las bendiciones directas de Alperovich. Otro, por lo que pueda suceder en el escrutinio. ¿Porqué? Porque cada acople implica un partido distinto y un fiscal distinto para observar la sumatoria final de las boletas y defender sus propios votos. Sólo hay que imaginar las posibles peleas en ese cuarto.